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Sergio Chinea Psicólogo

Estrés elevado: el coste silencioso para tu cuerpo y mente

En este artículo veremos las principales consecuencias que tiene para la salud física, mental, emocional y para las relaciones un elevado y constante estrés.

Es posible que hayas escuchado hablar del estrés. Habrás escuchado que el estrés es malo, pero debemos matizar la diferencia entre estrés agudo y estrés elevado y constante.

 

El estrés agudo es adaptativo y beneficioso en muchos aspectos, pero cuando hablamos de estrés elevado y sostenido en el tiempo puede producir efectos psicológicos y somáticos importantes.

Figura representando altos niveles de estrés

En este artículo explicaré las principales consecuencias del estrés elevado: fisiológicas, cognitivas, emocionales y sociales.

¿Qué entendemos por estrés elevado?

El estrés elevado se podría definir como la activación mantenida del sistema de respuesta que conecta el eje hipotálamo-hipofisis-suprarrenal (HPA) y el sistema simpático, generando niveles elevados de cortisol y adrenalina o patrones de reactividad alterados 1.

 

En otras palabras, cuando el eje HPA se activa de manera crónica y elevada, nos encontramos ante un estrés maladaptativo que puede generar consecuencias físicas y psicológico, pero el estrés agudo es adaptativo y puede generar beneficios.

Consecuencias fisiológicas principales

Sistema cardiovascular

El estrés elevado favorece la activación simpática del cuerpo (la que te mantiene alerta), por lo que induce a inflamación vascular, pudiendo promover la aparición de aterosclerosis y un mayor riesgo de problemas cardiovasculares.

 

Puede provocar aumentos en la presión arterial, ritmo cardiaco, mayor riesgo de eventos coronarios o trastornos relacionados con trauma 2.

Sistema inmune e inflamación

Por otro lado, el estrés prolongado puede también producir disfunción inmunológica que pueden incrementar la vulnerabilidad frente a infecciones y enfermedades inflamatorias del organismo.

 

Actualmente, hay un campo emergente denominado psiconeuroinmunología que se centra en la comunicación entre el sistema nervioso y el sistema inmune 3.

Dolor crónico y cefeleas

También, el estrés elevado se asocia con mayor frecuencia e intensidad de dolor, incluyendo cefaleas tensionales, migrañas o bruxismo, mediado por la disfunción del eje HPA y la sensibilización central 4.

Consecuencias cognitivas y cerebrales

Con respecto a las consecuencia cognitivas, hay que tener en cuenta que la exposición crónica al cortisol y la hiperactivación del estrés producen cambios estructurales y funcionales en el cerebro, generando afectaciones en:

  • Hipocampo (memoria)
  • Corteza prefrontal (control ejecutivo)
  • Amígdala (procesamiento emocional)

 

Dando lugar a problemas de memoria, dificultades de atención, disminución de la flexibilidad cognitiva y tomas de decisiones menos idóneas para el contexto 5.

Consecuencias psicológicas y psiquiátricas

El estrés elevado también puede tener efectos a nivel psicológico, produciendo un mayor riesgo de ansiedad, depresión, trastorno de estrés postraumático y problemas del sueño.

 

La relación en este sentido es bidireccional, ya que las condiciones psicológicas también predisponen a una mayor reactividad al estrés y el estrés prolongado empeora o mantiene los problemas psicológicos 6.

Consecuencias en la conducta y en las relaciones

Todo lo mencionado previamente puede afectar en el día a día en cuanto a aumentar la tendencia de emplear conductas de afrontamiento, para sobrellevarlo, que poco saludables como:

  • Consumo de tabaco
  • Consumo de alcohol
  • Consumo de comida emocionalmente
  • Sedentarismo.

 

Además, puede generar impacto social al encontrarte más irritable, con mayor dificultad para regular emociones, disminución de la empatía y problemas en la comunicación, generando conflictos en las relaciones laborales y personales.

Mecanismos transversales: cómo el estrés eleva el riesgo

Como hemos visto en los apartados anteriores, un estrés elevado de manera crónica puede afectar diversos sistemas fisiológicos, cognitivos y emocionales, pero cabe destacar la importancia de la interacción entre ellos.

 

La interacción entre el eje HPA, el sistema inmunitario, el cardiovascular y la activación crónico genera una “red” de cambios que se retroalimentan entre sí 7.

Flechas cíclicas entre "afectación cerebral", "inflamación" y "disfunción vascular"

Señales de alarma (qué observar)

A continuación, daré algunas señales que podrían darnos una idea de que nos encontramos ante una situación de estrés elevado y constante:

  • Fatiga crónica
  • Insomnio o hipersomnia
  • Problemas de memoria o concentración
  • Dolores inexplicable o sin causa clara
  • Dificultades en la regulación emocional
  • Cambios de apetito
  • Afecciones de las relaciones sociales
  • Aumento de consumo de sustancias

 

Si estas señales son persistentes, es recomendable consultar con un profesional de salud mental.

Estrategias preventivas y de intervención

Cabe destacar que además de reducir los desencadenantes del estrés en tu día a día (que en ocasiones no resulta posible), también existen intervenciones con evidencia científica que un profesional de la salud mental puede ayudar a aplicar para mejorar tu relación con el estrés.

 

Entre ellas se encuentran el ejercicio físico, una buena higiene del sueño, apoyo social y, cuando haga falta tratamiento psicológico a través de técnicas de regulación emocional y mindfulness 8.

Conclusión

El estrés elevado no es solo “tensión”. Tiene consecuencias físicas, cognitivas, emocionales y sociales que pueden repercutir en tu salud general.

 

Reconocer señales y actuar (autocuidado, cambios de estilo de vida, psicoterapia), pueden ayudarte a revertir o mitigar muchos de los efectos perjudiciales del estrés constante y elevado.

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Mindfulness

Autocuidado emocional

Bibliografía

(1) Turner, A. I.; Smyth, N.; Hall, S. J.; Torres, S. J.; Hussein, M.; Jayasinghe, S. U.; Ball, K.; Clow, A. J. Psychological Stress Reactivity and Future Health and Disease Outcomes: A Systematic Review of Prospective Evidence. Psychoneuroendocrinology 2020, 114, 104599. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2020.104599.

 

(2) Henein, M. Y.; Vancheri, S.; Longo, G.; Vancheri, F. The Impact of Mental Stress on Cardiovascular Health—Part II. J Clin Med 2022, 11 (15), 4405. https://doi.org/10.3390/jcm11154405.

 

(3) Bower, J. E.; Kuhlman, K. R. Psychoneuroimmunology: An Introduction to Immune-to-Brain Communication and Its Implications for Clinical Psychology. Annual Review of Clinical Psychology 2023, 19 (Volume 19, 2023), 331–359. https://doi.org/10.1146/annurev-clinpsy-080621-045153.

 

(4) Sic, A.; Bogicevic, M.; Brezic, N.; Nemr, C.; Knezevic, N. N. Chronic Stress and Headaches: The Role of the HPA Axis and Autonomic Nervous System. Biomedicines 2025, 13 (2), 463. https://doi.org/10.3390/biomedicines13020463.

 

(5) McEwen, B. S.; Nasca, C.; Gray, J. D. Stress Effects on Neuronal Structure: Hippocampus, Amygdala, and Prefrontal Cortex. Neuropsychopharmacol 2016, 41 (1), 3–23. https://doi.org/10.1038/npp.2015.171.

 

(6) Depression and Cortisol Responses to Psychological Stress: A Meta-Analysis | Request PDF. ResearchGate 2025. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2005.02.010.

 

(7) Henein, M. Y.; Vancheri, S.; Longo, G.; Vancheri, F. The Impact of Mental Stress on Cardiovascular Health—Part II. J Clin Med 2022, 11 (15), 4405. https://doi.org/10.3390/jcm11154405.

 

(8) Goyal, M.; Singh, S.; Sibinga, E. M. S.; Gould, N. F.; Rowland-Seymour, A.; Sharma, R.; Berger, Z.; Sleicher, D.; Maron, D. D.; Shihab, H. M.; Ranasinghe, P. D.; Linn, S.; Saha, S.; Bass, E. B.; Haythornthwaite, J. A. Meditation Programs for Psychological Stress and Well-Being: A Systematic Review and Meta-Analysis. JAMA Intern Med 2014, 174 (3), 357–368. https://doi.org/10.1001/jamainternmed.2013.13018.